Una vez el Paso del Collado superado queda el último ascenso por un sendero nevado y precipitado en un ir y venir de montañeros con esas palabras de apoyo “venga ánimo, ya queda menos,” que al llegar arriba a la cima del Aneto que está esperando, se observa el temido Paso de Mahoma y una larga cola de espera de montañeros para cruzar al otro lado, esa vista al precipicio con las manos fuertemente a las rocas enganchados, la pisada firme y el trasero que quiere quedarse sentado, el corazón que se acelera y la respiración que se relaja para concentrarse en que hay que cruzar esas malditas piedras donde algún montañero tiempo atrás se quedó al intentarlo, sin poder coronar el Aneto a 3.404 metros de altitud después del esfuerzo y sufrimiento realizado, porque éste es el riesgo de la montaña y de sus viajeros apasionados….. los montañeros.
Al otro lado del paso de Mahoma continúan, las alegrías, los abrazos, los apretones de manos, las miradas con los ojos húmedos y empañados, las fotos, las añoranzas y recuerdos del pasado , donde se observa una gran cruz donde consta inscrito en latín “ Protege, Domine, Plebem Tuam, Per Signum Santae Crucis “repleta de banderas atadas, camisetas y lazos , una imagen de la Virgen del Pilar Zaragozana sobre un pedestal que nos mira en agradecimiento a nuestra hazaña y nos invita a besarla, abrazarla y adorarla, que nos volverá a dar fuerzas para retroceder y volver a cruzar de nuevo el Paso de Mahoma ,
pero esta vez con el alma tranquila, serena y entregada de los que nos esperan al otro lado y no han podido coronarla, que se merecen el respeto de todos los montañeros porque simplemente el hecho de ascender al Aneto por el Paso del Collado con nieve, barrancos, piedras , pedruscos y minerales, precipicios y montañas , es la ilusión de cualquier montañero que le gusta el deporte, el senderismo, la aventura, el riesgo , el afán de superación de la respetada y venerada madre naturaleza….. la montaña. Pero queda lo más complicado, el descenso, donde las fuerzas escasean y comer es necesario , bajar la Pedrera por la Cresta del Portillón es todo un reto porque desde arriba parece el infierno, una pendiente larga y pronunciada de piedras sueltas y talladas que resbalan, montañas de pedruscos y piedras amontonadas que no alcanzas con la mirada, después de 3 horas de subidas y bajadas con las piernas muy cansadas psicológicamente la cabeza es la que manda, hay que parar de vez en cuando y sentarse, estirar las piernas y disfrutar de los paisajes que relajan, y por fín a lo lejos se divisa el Refugio de La Renclusa entre ríos de agua, cascadas, sendas y hierba mojada, un último paseo de 4 kms entre pinos, abetos y carrascas por un camino de tierra rojiza para poder coger el último autobús en La Besurta a las 9 de la noche y que nos lleve de vuelta a casa, porque él que no haya llegado a tiempo en esta larga caminata de 14 horas y media, tendrá que continuar andando hasta salir del Parque Natural de Posets-Madaleta donde está prohibido el paso de coches por una barrera con candado de color roja y blanca colocada en mitad de la calzada. Nuestro a agradecimiento a los guías montañeros del Club de Atletismo Rocafort Running y al Club Deportivo Espeleo Tracalet de Vinalesa porque sin su compañía, apoyo, esfuerzo y constancia hubiera sido imposible este reto deportivo del ascenso al Aneto a 3.404 metros de altitud en el interior de la madre naturaleza , en el techo de los Pirineos de la respetada y venerada montaña.
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